Por: Miguel Valenzuela
Partido de fútbol RD vs. Haití
Sin dudas, las relaciones entre ambos países han sido complejas y, de tiempo en tiempo, se crispan. Es natural que así sea: somos dos pueblos con culturas, hábitos y costumbres diferentes. Pero ahí es donde tenemos que tener buen juicio para mantener una convivencia basada en el respeto, el entendimiento y la aceptación de nuestras diferencias.
¿Qué hacemos? ¿Mudarnos de casa o de territorio? Podemos hacerlo, no. Ahí es donde debemos mantener la vía de la convivencia, sin estridencias ni nacionalismos a ultranza. Los haitianos no quieren ser dominicanos ni los dominicanos quieren ser haitianos.
Algunas consideraciones para asegurar la indefectible convivencia de estos dos pueblos, vecinos por historia y geografía, aunque diferentes en cultura y costumbres:
1ro. Un estricto control migratorio en la frontera, humanizado, pero firme, con tecnología de punta y autoridades comprometidas por honor y conciencia. Cero macuteo y corrupción, y un castigo contundente a la trata de personas, considerada una práctica inhumana y criminal.
2do. Establecimiento y desarrollo de un circuito ecológico, con programas de reforestación utilizando árboles endémicos y especies agroalimentarias como mango, aguacate, tamarindo y guayaba, entre otras.
3ro. Establecimiento de empresas industriales y tecnológicas, impulsadas por el Gobierno en alianza público-privada, con incentivos especiales y acompañamiento de escuelas tecnológicas y centros de formación técnico-profesional que permitan preparar la mano de obra requerida.
4to. ¿Requerimos mano de obra extranjera, sí o no? Dejémonos de hipocresía y doble moral. La agricultura, la construcción, la hostelería y muchos otros servicios requieren, necesariamente, de mano de obra extranjera.
Ahora bien, es indispensable establecer un control organizado, con documentación migratoria en regla y contratos de trabajo sectoriales.
República Dominicana y Haití deben establecer, si no un tratado comercial formal, por lo menos normas y reglamentaciones claras que regulen nuestras relaciones comerciales. Haití es nuestro segundo socio comercial y, para quienes no lo saben, nos compra millones de huevos mensualmente, solo por mencionar uno de los productos que forman parte de ese intercambio comercial.
Sobre el partido de fútbol y el desaguisado protagonizado por el portero, que, dicho sea de paso, nació en Francia, considero que, bajo esa misma lógica, debería sentirse embravecido con Francia, país que sometió a los haitianos a una esclavitud férrea e inhumana y que, posteriormente, impuso a Haití el pago de una enorme deuda como condición para reconocer su independencia.
Dominicanos, que un exabrupto de un personaje que desconoce su propia historia y la de quienes fueron sus verdugos no nos distraiga de continuar trabajando por una convivencia pacífica y respetuosa.
Reconozcamos que somos dos pueblos soberanos e independientes que, al margen de nuestras costumbres y culturas diferentes, debemos seguir avanzando cada uno en su territorio, respetando la independencia y soberanía del otro.
La independencia y la soberanía de ambos pueblos no están en discusión.
Dios, Patria y Libertad.
